Letras tu revista literaria

viernes, 15 de febrero de 2013

Rambla y albañal


La lentitud del magma


Pedro Luis Ibáñez Lérida*


"La muerte de cualquier hombre me disminuye porque
estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca
hagas preguntar por quien doblan las campanas:
doblan por ti".

John Donne


                                   Los adeudos monárquicos parecen llevar a la familia real a un punto sin retorno. El embargo de los bienes de los duques, a los que les fue arrebatada una calle en su propio ducado, no es más que el síntoma del decadente principio regio, aún presente en las sociedades contemporáneas. Nuestros vecinos galos optaron por cercenar sus cabezas. No ha sido necesario tan cruento y bestial desenlace. Ellos mismos han perdido la testa en esta carrera de desatinos que vienen protagonizando. Mucho antes que el barrito del elefante le obligara al cariacontecido titular a pedir perdón. Mientras el juez aguarda la lista de las propiedades del yerno del rey para ejecutar la fianza, les han borrado del mapa del callejero balear. La distinción aristocrática ha dejado paso a un desmelenado y chabacano pronunciamiento: todo por la pasta. Y sin acritud.
                                   La dimensión de este mal parece no tener fin. El extesorero del Partido Popular ha percibido de éste emolumentos por un valor prorrateado de 400.000 euros hasta final del año 2012, incluyendo la cobertura de la Seguridad social, que confirma la especial relación de complicidad que mantenían. Los sobres siguen remontando el vuelo y dejando una pesarosa y oscura estela de ruindad. El presidente de los empresarios de Madrid y vicepresidente a nivel nacional, CEOE -Confederación Española de Organizaciones Empresariales-, en la que tiene como mano derecha a la esposa del presidente de la Comunidad de Madrid, se reserva un espacio de reflexión para digerir el trago amargo. Y es que ensobrar dinero debe de ser repelente al gusto. Sólo con humedecer con la lengua la lámina adhesiva que facilita el cierre del sobre, podremos hacernos una idea de lo que este hombre ha debido de soportar. Pues el número de sobres mensuales que depositaba era mayúsculo. Qué agraz sensación. Qué amargura. Qué sinsabor. Eso sí, la compostura no se pierde un ápice. Si egregio marcha el duque que hace juego de palabras, con esa soltura de percha bienandante, qué decir de quien solicita reflexión sobre la entrega de dinero a costa de la seguridad social. Lo curioso es que gestiona todo tipo de servicios de restauración como el Congreso, la Asamablea de Madrid, Moncloa o la sede de UGT -Unión General de Trabajadores- y está imputado por el proceso defraudador de Bankia. La compostura ante todo y ante todos. Y, por supuesto, sostenida bajo el esfuerzo ímprobo de los trabajadores, en una especie de silencio de los corderos para poder ser receptor de los sobres y complementar la nómina. El sobresueldo a capricho es la arrogancia hecha caridad. Aunque para ésta la que despliegan los gobiernos con los indultos y la pléyade de ilustres que  son beneficiarios. Un banquero es indultado y al acto a quienes se les invita a abandonar su casa por deudas con los bancos, se le denomina -según el término jurídico- lanzamiento. Unos son indultados y otros lanzados,...arrojados, expulsados. Aquéllos recuperan la libertad y éstos se sumergen en el ostracismo social o finiquitan su vida. Nuevos desahuciados, nuevos reos sociales pendientes de un finísimo hilo.

                                   Resulta bochornoso el grado de indignación y energía del presidente del Congreso, "Procedan a su expulsión, coño". En respuesta a los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que tras la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular contra los desahucios, gritaban, "!Qué si se puede!". Qué curioso que, por contra, vele con tanto celo la comparecencia del presidente del Banco Central Europeo -BCE-. Procurando la instalación de inhibidores para obstaculizar las informaciones, que sobre su comparecencia se trataban de enviar desde  la institución en la que reside la soberanía nacional.

                                   En esta sucesión de hechos ya no sirve con cambiar el nombre de una calle. Las aguas siguen tomando su cauce natural, la rambla. La inmundicia también se ve arrastrada. Una mescolanza de cieno y lodo, espesa y corrompe el curso de los acontecimientos. Mientras no existan albañales que deriven las aguas fecales, no podremos despejar cuanto de inmundicia ciega los orificios que las mantiene retenidas. El escritor luso José Saramago reflexionaba, "El menor de  los males de nuestra civilización es la indiferencia y el mayor la violencia y ahora nos movemos inevitablemente entre ambos polos negativos". La indiferencia se denota en la acción política que discapacitada por sus propios ejecutores, queda como convidada de piedra ante la desmembración social que es, a su vez, germen de violencia. Es en este extremo donde se acusa el advenimiento de un proceso de segregación y degradación. Si los ciudadanos son expulsados de sus propias casas, que más nos queda aún por conocer. Nos convertiremos en exiliados dentro de nuestro propio país.  
         
*Pedro Luis Ibáñez Lérida, poeta, articulista, coeditor de Ediciones En Huida. Contacto: pedrolerida@gmail.com

Artículo patrocinado por LetrasTRL Nº. 55-febrero-2013



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