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miércoles, 15 de febrero de 2012

Europa y una crisis no tan imprevisible.

Por Eduardo Pérsico*.

            los prestamistas son tan voraces que  “Soberanía” ya ni es una palabra.

                                      Alfredo Palacios, político argentino. 1934.                   


        El Fondo Monetario Internacional a través del jefe de la misión de saneamiento en Grecia, admitió a principio de febrero como ‘una exageración el aumento de los impuestos para comenzar a recomponer la economía griega al borde de la quiebra’, - según el mismo gobierno- y dijo que el mismo FMI ‘debería haberse centrado más en la limitación de los gastos de ese país’. De igual manera nadie sabe si es peor el remedio que la enfermedad, pero esa aceptación es infrecuente en este organismo siempre ávido del ajuste feroz sobre los países con deuda financiera, aunque por estos días los ‘ajustados’ serán naciones donde se creía definitivo el venerado Estado de Bienestar. Grupo de países que entre sus pocas debilidades dependen de una constante importación de petróleo desde áreas geográficas cada día más arduas en dominar, variante que casi no sucediera en América Latina cuando hace una década la acosara una crisis financiera similar que originó daños formidables en toda la región. Con síntomas comparables a los que hoy padecen el sector poblacional más bajo de todos los países centrales de Europa, y consecuencias que pueden extenderse a sectores más favorecidos en esa escala que le otorgara a la sociedad toda, mejores condiciones objetivas como la generalizada inclusión ciudadana  y el consecuente logro de muchos derechos sociales que les llevaran décadas obtener. Y ante ese panorama en España no se equivoca ni su jefe de gobierno, Mariano Rajoy, al vislumbrar grandes manifestaciones contrarias a las quitas sobre la población menos pudiente; un efecto que digamos, él hubiera preferido sobrellevara el gobierno anterior y la gente le reprochara a Rodríguez Zapatero ‘joder hombre, que esto con Franco no hubiera pasado’.

     Pero viñetas aparte, si los banqueros insisten en cobrar los créditos no hay esquive posible ante el rigor político de la Europa actual, y como a pagar se ha dicho se vislumbran las mismas recetas aplicadas con prolijidad y en el mundo entero por los inflexibles acreedores. A saber, el Poder financiero con sus emisarios políticos de turno de entrada buscará controlar las organizaciones sindicales y sociales, por tratarse del flanco con mayor resistencia y capacidad de movilización y protesta en todo el globo, y si el encuadramiento lo hacen según el uso de cada país y con menos acciones sangrientas como las ocurridas en América Latina por los años setenta, es un resultado muy difícil de preanunciar ahora. Además, los efectos de la globalización en el mundo entero, créase o no, produjo una desnacionalización financiera que terminó estragando la concepción del capitalismo industrialista y de producción de cada país afectado, efecto que dentro de América Latina y con la creación de un amplio banco regional, de esa instancia nefasta se recuperan de a poco los países que también, hoy esquivan mejor esas encerronas bancarias que ofrecen fondos virtuales que nunca llegan para inviables ‘proyectos de desarrollo’. Esa especie de diversión de los grandes colocadores de capital gestados por la globalización, el Eterno Bienestar y el ‘fin de la historia’ que ensoñara el Francis Fukuyama por mandato de Estados Unidos..

       El liberalismo económico con sus pergeños financieros incluidos imposibilita la incorporación de las grandes mayorías en su proyecto, veamos que al comenzar la que hoy nos parece hasta previsible ‘la no recuperación de los dineros prestados’, tanto en España con sus hipotecas incobrables o en Argentina hace diez años con el ‘corralito’ bancario, ese fin de fiesta extemporáneo lo pagaron en su mayoría los inversores de la clase media y hacia más arriba se detuvo la rueda. Por matemática pura, eso que según nos enseñaron en el cole primario casi nunca se equivoca, con estos ardides delincuenciales del capitalismo financiero esa certeza acaba siendo incierta. Acaso porque curiosamente los promotores de semejantes engendros también aplauden el Consenso de Washington, esa manual desprolijo  que desde los años ochenta establece como salida de las crisis en cada país la reducción de las administraciones públicas, la venta imprescindible de las empresas nacionales sean o no deficitarias,- en Argentina sobran ejemplos- y profundizar más y más los ajustes hasta que la recuperación de las acreencias  de los bancos se haya cumplido. Un sencillo libreto de aprietes presupuestarios siempre incluyendo sin falta a lo más bajo de la escala social, a quienes si pueden también le arrasan sus garantías jurídicas y las lógicas expectativas como miembro de una sociedad en estado de derecho. Y hace muy bien el gobierno de los españoles en reconocer de antemano que esos trebejos no son fáciles de conjurar y más aún en una Europa sin grandes recursos petroleros, hoy imprescindibles en plena civilización del automóvil. Es muy posible que crecerán sobre los gobiernos la demanda de los sectores empresarios y socialmente más elevados que no perdonarán, esto es sabido, las dificultades que tendrá cada Estado en lograr créditos blandos a futuro. Y aunque cada crisis por más que hubiera sido previsible en un área tan desarrollada culturalmente como en el centro europeo, no será insuperable ni mucho menos. Y más aún, acaso hasta les resulte instructiva. (feb.2012)


*Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


www.eduardopersico.blogspot.com     

 


miércoles, 11 de enero de 2012

El enemigo único

Por gentileza de Andrés Mencías
Leyendo los 11 principios de propaganda de Goebbels se comprende mejor la actualidad y se aprende todo de periodismo y redes. Estos 11 principios son un poema que los niños tendrían que recitar de memoria, es una lista mucho más reveladora que la tabla periódica o los reyes godos. Estos son, dichos de corrido:

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan».
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.
Aprendedlos de memoria si no queréis morir víctimas, son la mejor herramienta para interpretar el entorno político y mediático, o sea, para sacudirnos la manipulación.

El Diario de Alvaeno

El Diario de Alvaeno