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jueves, 3 de diciembre de 2015

Bitácora de un superviviente

Bitácora de un superviviente
Diciembre de 2015- Siglo 21
Por Alvaeno

¡Buenos días mundo!
Hoy me he levantado reflexivo, como casi siempre y mi conciencia me dice o intenta fustigarme con una frasecita que el presidente, de este país en el que vivo y en el que nací, estuvo diciendo diciendo durante mucho tiempo: "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades".

Yo le pregunto Sr. Mariano ¿Sabe usted lo que es un pronombre? Porque, indiscutiblemente, usted conjuga el verbo haber "hemos", con el pronombre de la primera persona del plural, quiero decir nosotros, así la frase se escribiría de este modo: "Nosotros hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Ese nosotros como pronombre, ¿también le incluye a usted? según las reglas de la ortografía, sí, pero vayamos a la cuestión en sí y dejemos las clases de gramática para otro momento.

El presidente de un país que tiene en su haber cinco millones de parados no debería decir esas cosas. Primero porque ¿quiénes "hemos" vivido por encima de nuestras posibilidades, si a penas podemos "nosotros", no usted, llegar a fin de mes?

Sr. Mariano, ¿es vivir por encima de nuestras posibilidades con menos de 500€ al mes¿ ¿Es vivir por encima de nuestras posibilidades sin tener opción ni siquiera a un trabajo digno? ¿Es vivir, sr. Mariano, por encima de nuestras posibilidades que en España tres de cada cinco niños están en riesgo de pobreza extrema?

Sí, sr. Mariano, ese "nosotros hemos" como conjugación del verbo haber, no hace honor a la verdad y mucho menos a la realidad, porque es un hecho aplastante que usted y los suyos no pasan penurias, ni viven bajo mínimos, ni sufren para llegar a fin de mes.

Hoy me he levantado reflexivo y mi conciencia ha intentado que me flagele, que me aplique el silicio por llevar una vida por encima de mis posibilidades, ¿y es vivir por encima de mis posibilidades haber gastado en un mes 250 euros, provenientes estos de la generosidad de dos personas amigas, que me ayudan altruistamente a salir adelante, y la otra parte del sueldo que me hace "vivir por encima de mis posibilidades", sale de las clases de literatura que doy a 40 euros al mes por alumno, ya que éstos tampoco están para mucho trote, probablemente porque también, como usted dice sr. Mariano, han vivido por "encima de sus posibilidades".

¿Tengo que fustigarme, tengo que castigarme por "vivir por encima de mis posibilidades", teniendo que hacer encaje de bolillos para poder tomar un café, una caña o para fumar un cigarrillo, y no digo ya para poder comprar la parte alimenticia?

Sr. Mariano usted, además de un mal presidente, es un cínico, un déspota y un sinvergüenza, porque no me explico cómo miles de jóvenes tienen que marcharse a otros países para poder vivir, tienen que abandonar España, su tierra natal, país que según usted, está saliendo de la crisis y gracias a su labor va mejorando y como dicen ahora no solo va bien, sino lo siguiente.

Sí, hoy me he levantado reflexivo y la conclusión que he sacado de esta reflexión es que un país en el que ocurren estas barbaridades y desastres: pobreza, paro, exclusión laboral, explotación, desahucios
y miles de personas están viviendo en la calle, eso sí, según usted "por haber vivido por encima de sus posibilidades", entre otras tragedias, digo que un país así es un país enfermo porque usted sr. Mariano, en lugar de ser un buen médico es un mal curandero.

AMEN.

Bitácora de un superviviente.
Diciembre de 2015- Siglo 21.

miércoles, 2 de enero de 2013

¿Alimentos para comer o tirar?*



Por Esther Vivas

Vivimos en un mundo de la abundancia. Hoy se produce más comida que en ningún otro período en la historia. La producción alimentaria se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial, desde entonces, tan sólo se ha duplicado. Hay comida de sobras. Pero 870 millones de personas en el planeta, según indica la FAO, pasan hambre y anualmente se desperdician en el mundo 1300 millones de toneladas de comida, un tercio del total que se produce. Alimentos para comer o tirar, esa es la cuestión.

En el Estado español, según el Banco de los Alimentos, se tiran cada año 9 millones de toneladas de comida en buen estado. En Europa esta cifra asciende a 89 millones, según un estudio de la Comisión Europea: 179 kilos por habitante y año. Un número que sería incluso muy superior si dicho informe incluyera, también, los residuos de alimentos de origen agrícola generados en el proceso de producción o los descartes de pescado arrojados al mar. En definitiva, se calcula que en Europa, a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, del campo al hogar, se pierde hasta el 50% de los alimentos sanos y comestibles.

Despilfarro y derroche versus hambre y penuria. En el Estado español, una de cada cinco personas vive por debajo del umbral de la pobreza, el 21% de la población. Y según el Instituto Nacional de Estadística, se calculaba, en 2009, que más de un millón de personas tenían dificultades para comer lo mínimo necesario. A día de hoy, pendientes de cifras oficiales, la situación, sin lugar a dudas, es mucho peor. En la Unión Europea, son 79 millones las personas que no superan el umbral de la pobreza, un 15% de la población. Y de estos, 16 millones reciben ayuda alimentaria. La crisis convierte el malbaratamiento en un drama macabro, donde mientras millones de toneladas de comida son desperdiciadas anualmente, millones de personas no tienen qué comer.

Y, ¿cómo y dónde se tira tantísima comida? En el campo, cuando el precio cae por debajo de los costes de producción, al agricultor le resulta más barato dejar el alimento que recolectarlo, o cuando el producto no cumple los criterios de tamaño y aspecto dictados. En los mercados mayoristas y las centrales de compra, donde los alimentos tienen que pasar una especie de "certamen de belleza" respondiendo a los criterios establecidos, principalmente, por los supermercados. En la gran distribución (súpers, hipermercados...), que requieren de un alto número de productos para tener los estantes siempre llenos, aunque después caduquen y se tengan que tirar, donde se producen errores en la confección de pedidos, hay problemas de envasado y deterioro de los alimentos frescos. En otros puntos de venta al detalle, como mercados y tiendas, en los que se tira aquello que ya no se puede vender.

En restaurantes y bares, donde un 60% de los desperdicios son consecuencia de una mala previsión, el 30% se malbarata al preparar las comidas y el 10% responde a las sobras de los comensales, según un informe avalado por la Federación Española de Hostelería y Restauración. En casa, cuando los productos se estropean porque hemos comprado más de lo que necesitábamos, dejándonos llevar por ofertas de última hora y reclamos tipo 2x1, al no saber interpretar un etiquetaje confuso o por envases que no se adecuan a nuestras necesidades.

El desperdicio alimentario tiene causas y responsables diversos, pero, básicamente, responde a un problema estructural y de fondo: los alimentos se han convertido en mercancías de compra y venta y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un muy segundo plano. De este modo, si la comida no cumple unos determinados criterios estéticos, no se considera rentable su distribución, se deteriora antes de tiempo... se desecha. El impacto de la globalización alimentaria al servicio de los intereses de la agroindustria y los supermercados, promoviendo un modelo de agricultura kilométrica, petrodependiente, deslocalizada, intensiva, que fomenta la pérdida de la agrodiversidad y del campesinado..., tiene una gran responsabilidad en ello. Poco importa que millones de personas pasen hambre. Lo fundamental es vender. Y si no lo puedes comprar, no cuentas.

Pero, ¿qué pasa si intentas recoger la comida que sobra? O bien te puedes encontrar con el contenedor cerrado bajo llave como ha hecho el consistorio de Girona, con los depósitos frente a los supermercados, alegando "alarma social" ante el hecho de que cada vez son más las personas que toman alimentos de la basura. O bien puedes enfrentarte a una multa de 750 euros si hurgas en los containers madrileños. Como si el hambre o la pobreza fuese una vergüenza o un delito, cuando lo vergonzoso y propio de delincuentes son las toneladas de comida que se tiran diariamente, fruto de los dictados del agrobusiness y los supermercados, y que cuentan con el beneplácito de las administraciones públicas.

Los supermercados nos dicen que donan comida a los bancos de alimentos, en un intento de lavarse la cara. Pero, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, sólo un 20% lo hace. Y esto, además, no es la solución. Dar comida puede ser una respuesta de emergencia, una tirita o incluso un torniquete, en función de la herida, pero es imprescindible ir a la raíz del problema, a las causas del despilfarro, y cuestionar un modelo agroalimentario pensado no para alimentar a las personas sino para que unas pocas empresas ganen dinero.

Vivimos en el mundo de las paradojas: gente sin casa y casas sin gente, ricos más ricos y pobres más pobres, despilfarro versus hambre. Nos dicen que el mundo es así y que mala suerte. Nos presentan la realidad como inevitable. Pero no es verdad. Ya que a pesar de que el sistema y las políticas dicen ser neutrales no lo son. Tienen un sesgo ideológico y reaccionario claro: buscan el beneficio, o ahora la supervivencia, de unos pocos a costa de la gran mayoría. Así funciona el capitalismo, también en las cosas del comer.


*Artículo publicado en Público, 01/01/2013.

El Diario de Alvaeno

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