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miércoles, 2 de enero de 2013

¿Alimentos para comer o tirar?*



Por Esther Vivas

Vivimos en un mundo de la abundancia. Hoy se produce más comida que en ningún otro período en la historia. La producción alimentaria se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial, desde entonces, tan sólo se ha duplicado. Hay comida de sobras. Pero 870 millones de personas en el planeta, según indica la FAO, pasan hambre y anualmente se desperdician en el mundo 1300 millones de toneladas de comida, un tercio del total que se produce. Alimentos para comer o tirar, esa es la cuestión.

En el Estado español, según el Banco de los Alimentos, se tiran cada año 9 millones de toneladas de comida en buen estado. En Europa esta cifra asciende a 89 millones, según un estudio de la Comisión Europea: 179 kilos por habitante y año. Un número que sería incluso muy superior si dicho informe incluyera, también, los residuos de alimentos de origen agrícola generados en el proceso de producción o los descartes de pescado arrojados al mar. En definitiva, se calcula que en Europa, a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, del campo al hogar, se pierde hasta el 50% de los alimentos sanos y comestibles.

Despilfarro y derroche versus hambre y penuria. En el Estado español, una de cada cinco personas vive por debajo del umbral de la pobreza, el 21% de la población. Y según el Instituto Nacional de Estadística, se calculaba, en 2009, que más de un millón de personas tenían dificultades para comer lo mínimo necesario. A día de hoy, pendientes de cifras oficiales, la situación, sin lugar a dudas, es mucho peor. En la Unión Europea, son 79 millones las personas que no superan el umbral de la pobreza, un 15% de la población. Y de estos, 16 millones reciben ayuda alimentaria. La crisis convierte el malbaratamiento en un drama macabro, donde mientras millones de toneladas de comida son desperdiciadas anualmente, millones de personas no tienen qué comer.

Y, ¿cómo y dónde se tira tantísima comida? En el campo, cuando el precio cae por debajo de los costes de producción, al agricultor le resulta más barato dejar el alimento que recolectarlo, o cuando el producto no cumple los criterios de tamaño y aspecto dictados. En los mercados mayoristas y las centrales de compra, donde los alimentos tienen que pasar una especie de "certamen de belleza" respondiendo a los criterios establecidos, principalmente, por los supermercados. En la gran distribución (súpers, hipermercados...), que requieren de un alto número de productos para tener los estantes siempre llenos, aunque después caduquen y se tengan que tirar, donde se producen errores en la confección de pedidos, hay problemas de envasado y deterioro de los alimentos frescos. En otros puntos de venta al detalle, como mercados y tiendas, en los que se tira aquello que ya no se puede vender.

En restaurantes y bares, donde un 60% de los desperdicios son consecuencia de una mala previsión, el 30% se malbarata al preparar las comidas y el 10% responde a las sobras de los comensales, según un informe avalado por la Federación Española de Hostelería y Restauración. En casa, cuando los productos se estropean porque hemos comprado más de lo que necesitábamos, dejándonos llevar por ofertas de última hora y reclamos tipo 2x1, al no saber interpretar un etiquetaje confuso o por envases que no se adecuan a nuestras necesidades.

El desperdicio alimentario tiene causas y responsables diversos, pero, básicamente, responde a un problema estructural y de fondo: los alimentos se han convertido en mercancías de compra y venta y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un muy segundo plano. De este modo, si la comida no cumple unos determinados criterios estéticos, no se considera rentable su distribución, se deteriora antes de tiempo... se desecha. El impacto de la globalización alimentaria al servicio de los intereses de la agroindustria y los supermercados, promoviendo un modelo de agricultura kilométrica, petrodependiente, deslocalizada, intensiva, que fomenta la pérdida de la agrodiversidad y del campesinado..., tiene una gran responsabilidad en ello. Poco importa que millones de personas pasen hambre. Lo fundamental es vender. Y si no lo puedes comprar, no cuentas.

Pero, ¿qué pasa si intentas recoger la comida que sobra? O bien te puedes encontrar con el contenedor cerrado bajo llave como ha hecho el consistorio de Girona, con los depósitos frente a los supermercados, alegando "alarma social" ante el hecho de que cada vez son más las personas que toman alimentos de la basura. O bien puedes enfrentarte a una multa de 750 euros si hurgas en los containers madrileños. Como si el hambre o la pobreza fuese una vergüenza o un delito, cuando lo vergonzoso y propio de delincuentes son las toneladas de comida que se tiran diariamente, fruto de los dictados del agrobusiness y los supermercados, y que cuentan con el beneplácito de las administraciones públicas.

Los supermercados nos dicen que donan comida a los bancos de alimentos, en un intento de lavarse la cara. Pero, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, sólo un 20% lo hace. Y esto, además, no es la solución. Dar comida puede ser una respuesta de emergencia, una tirita o incluso un torniquete, en función de la herida, pero es imprescindible ir a la raíz del problema, a las causas del despilfarro, y cuestionar un modelo agroalimentario pensado no para alimentar a las personas sino para que unas pocas empresas ganen dinero.

Vivimos en el mundo de las paradojas: gente sin casa y casas sin gente, ricos más ricos y pobres más pobres, despilfarro versus hambre. Nos dicen que el mundo es así y que mala suerte. Nos presentan la realidad como inevitable. Pero no es verdad. Ya que a pesar de que el sistema y las políticas dicen ser neutrales no lo son. Tienen un sesgo ideológico y reaccionario claro: buscan el beneficio, o ahora la supervivencia, de unos pocos a costa de la gran mayoría. Así funciona el capitalismo, también en las cosas del comer.


*Artículo publicado en Público, 01/01/2013.

jueves, 29 de noviembre de 2012

África, entre la vida y la muerte

El West Pokot, situado en la zona del lago Turkana es uno de los territorios más olvidados del mundo, hasta ese lugar inhospito y duro llega la solidaridad de algunas personas que se implícan física y emocionalmente, este es el caso de Ana Sánchez "Temosoc" y Dustin Carmona, representantes de la Asociación Calor y Café de Granada, España.

Ver reportaje: África, entre la vida y la muerte


lunes, 23 de enero de 2012

EL GRAN LEGADO DE BUSH


Por Maite García Romero

El pasado 15 de diciembre, Estados Unidos puso fin a la sangrienta, inmoral y errónea guerra iraquí que comenzó hace nueve años y que se llevó la vida de más de 150.000 civiles y casi 4.500 militares estadounidenses, según los medios occidentales.

Los estadounidenses se retiran dejando un país destruido, una sociedad destrozada y un pueblo completamente dividido. La gente carece de servicios públicos, hay más hambre, más enfermedades y se cometen asesinatos casi a diario. Se van tal cual entraron: mintiendo, tergiversando, manipulando datos. Si entonces justificaron la invasión alegando a las supuestas armas de destrucción masiva, ante la incapacidad de demostrarlo el Gobierno de Bush expuso de inmediato su estrategia y comenzó a vender la guerra como necesaria para “llevar la democracia a  Oriente Medio”. Así ahora afirman, como dijo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, que los iraquíes están mejor que nunca. Que “el sueño de un Irak independiente y soberano es ya una realidad”, y que “hemos derramado mucha sangre aquí […] para lograr […] hacer un país soberano e independiente y capaz de garantizar su propia seguridad”.  El día 5 de enero, una cadena de atentados en distintos barrios de Bagdad, causaba 63 muertos y casi doscientos heridos.

Nos preguntamos cuándo decidirá Barack Obama cerrar Guantánamo, o lo que es lo mismo, cuándo decidirá cumplir con su palabra. Echamos la vista atrás y comprobamos que hace exactamente diez años, el 11 de enero de 2002, que llegaron los primeros presos al centro de detención de Guantánamo, una de las cárceles más tristemente famosas del planeta. Era la avanzadilla de las cerca de 800 personas que han pasado por la base estadounidense a lo largo de la última década y en la que se han enfrentado a maltratos, torturas y muerte. Apenas transcurrido seis días de aquel nefasto 11-S, el entonces presidente de los EEUU George W. Bush dispone “su guerra contra el terror”, autorizando a la CIA a establecer centros de detención en todo el mundo. Dos meses después, la Agencia Central de Inteligencia ya tenía autorización para detener indefinidamente y sin derecho a juicio a cualquier sospechoso de terrorismo. Esto fue el principio de la ‘doctrina Bush'. Principio que por cierto AÚN HOY PERDURA bajo la administración Obama. Guantánamo es el símbolo de la más infame violación de derechos humanos cometida al calor de la “guerra contra el terror”.

Lo que queda tras esta década de políticas antiterroristas estadounidenses es un "legado tóxico para los derechos humanos" –afirma Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España –  "El sistema de excepción ha permanecido igual, a grandes rasgos, con la nueva administración", ya que se mantienen "los tribunales militares y aún quedan 161 personas dentro". A los presos en Guantánamo hay que sumar el número de desaparecidos y detenidos en cárceles secretas de la CIA, cuyo número aún se desconoce, y las 2.100 personas que aún siguen recluidas en la prisión de Bagram, en Afganistán, sin cargos ni juicio. "Tanto en las bases de Afganistán como de Irak se ha detenido a cientos de personas, se las ha torturado y maltratado durante años bajo custodia estadounidense".

Que duda cabe que el "legado" de Bush aún tardará años en subsanarse. El mundo no es más seguro después de sus 8 años de mandato. Aunque él se empañara en hacérnoslo creer: «Con Sadam fuera del poder, el mundo es un lugar mejor y más seguro» (con esta frase resumió su particular visión de la situación mundial, en una entrevista concedida a Larry King en la CNN el 15/08/2004). Qué absurdo. Sólo hay que repasar lo sucedido en Pakistán, Afganistán, Irak, Irán, Palestina, Al-quaida en el Magreb, (Mali, Mauritania), los atentados en Londres, Madrid, el incumplimiento de los objetivos del milenio con el consecuente aumento de la desigualdad y la extrema pobreza, el rechazo a la firma del protocolo de Kioto en 2005, la desregulación de los mercados financieros internacionales que trajo la crisis que todavía nos azota, Guantánamo, Abhu Graid y la extensión de la tortura por todo el planeta en bases militares americanas. ¿Es realmente este mundo  mejor y más seguro? 



Cuando el pasado día 12 vi por TV las imágenes de los cuatro marines norteamericanos orinando sobre los cadáveres de varios talibanes en Afganistán y escuché cómo el Pentágono intensificaba sus intentos para evitar este tipo de imágenes que van contra los valores de las Fuerzas Armadas (después de que en 2004 se filtraran fotos de maltrato, abusos y tortura a presos en la prisión estadounidense en Irak de Abu Ghraib, y sobre todo, de las barbaridades que Wikileaks reveló sobre los cientos de informes que las autoridades estadounidenses dejaron sin investigar), me pregunté: ¿Dónde están esos valores de Las Fuerzas Armadas?  ¿Dónde está la ética militar?

A día de hoy, el conocido mundialmente “presidente de las guerras” George W. Bush, llena sus arcas con la multimillonaria venta de su libro "Decisión Points" autobiografía en la que justifica y reconoce que autorizó la tortura.

Deplorable.



                                          



                                       



19 de enero de 2012

El Diario de Alvaeno

El Diario de Alvaeno