Letras tu revista literaria

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jueves, 27 de junio de 2013

Tirititran tran tran





La lentitud del magma

Pedro Luis Ibáñez Lérida*


"La muerte de cualquier hombre me disminuye porqueestoy ligado a la humanidad; por consiguiente nuncahagas preguntar por quien doblan las campanas:doblan por ti".John Donne



En la próxima edición del DRAE -Diccionario de la Real Academia Española-,, prevista para el año 2014, se incluirán palos flamencos que, hasta este momento, permanecían en el anonimato. Al menos desde la consideración y tratamiento de su  definición como vocablo. La iniciativa ha sido impulsada por el filólogo, escritor e investigador Antonio Rodríguez Almodóvar. El autor de Cuentos al amor de la lumbre, -compendio de oralidad, entretenimiento y sapiencia popular, didáctica del aprendizaje vital para los niños a través de los cuentos y memoria viva del riquísimo acervo andaluz- reveló las carencias del manual que, definitivamente, satisfará y completará en su nueva edición. Otra cuestión será que facilite a los neófitos de este mundo, a través de una abreviada síntesis definitoria, la arcana raíz de su insondable misterio y credo. Gabriel García Márquez describía en Cien años de soledad  la génesis de Macondo: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Nombrar es considerar la existencia de lo que nuestras palabras designan. Lo hacemos de este mundo. Toma cuerpo y materia.

En el debate social actual existe una recreación y reelaboración  del lenguaje como testaferro del pensamiento. No existe una actitud hipócrita al uso. Es el manejo discriminatorio y torticero de las palabras con las que salvaguardar el tabú de lo innombrable. No es una cuestión de eufemismos. La afasia ha sobrepasado con creces ese primer estadio. El inconsciente político parece encontrarse en un estado de no retorno. La supremacía de lo inconfesable es la tiranía del lenguaje, que ejercitan para, como diría en otro tiempo el hoy presidente del gobierno, “llamar al pan pan y al vino vino” cuando de lo que se trata es de masticar y beber para conocer sustancia y naturaleza: llamar a las cosas por su nombre, nombrarlas. El poeta sueco Tomas Tranströmer licita al lenguaje para que hable, para que no contenga la pureza que detenta y la desparrame con la medida básica que en sí mismo contiene. Es de tan abrumadora sencillez que no contiene fisuras: “Clara como la sal es / el agua que golpea las cabezas de todos / los verdaderos refugiados”. Definen a sus poemas como plegarias laicas. En su poesía hay motivos de reencuentro con la intimidad, con la dimensión humana que permanece en silencio. El autor de El gran enigma, hace expreso canto de “Dejar su disfraz de yo” y el lenguaje fluye sin personalismo. Es un viaje a la transparencia. Como el que exigen los manifestantes brasileños que apontocan sobre los carteles extendidos en el suelo, mientras vociferan o cantan, botellas de agua mineral como simbólico basamento sobre el que erigir los principios. La nítida claridad de un recipiente conteniendo el vital elemento, para evidenciar la opacidad de la política.

El número de ricos crece. Eso es lo que se deduce de un informe de la Fundación La Caixa. En el que señala que éstos han aumentado en un 5,4 por ciento en el último año. Y precisa las condiciones para alcanzar este status: poseer activos financieros por valor de un millón de dólares. Sin contar la primera vivienda y consumibles. Empecemos por los principios. Séneca, desde su ética estoica, afirmaba que “pobre es el que quiere más”. Este “torero de la virtud”, como lo definió Nietzsche, tendría entre nosotros un ingente trabajo de modernidad y actualización. Se armaría de inflexible paciencia para no sentirse abrumado por la amoralidad que impregna el poder. Su suicidio partió de una orden imperial y tajante de Nerón, al que obedeció fatalmente. En la contemporaneidad, “la muerte cívica”, entendiendo ésta como fin del ideario rector de derechos y deberes, es expresión del fracaso en el que nos encontramos. Lo curioso es que la tesis que manifestó, antes de ser encarcelado, el expresidente de los empresarios para, según él, solucionar los avatares de este país, es afín a las directrices que orienta actualmente al gobierno. A saber: trabajar más y cobrar menos. La coyuntura, repiten hasta el hartazgo, lo reclama. Cabe preguntarse sobre la dignidad. Entonces, antes que el diccionario institucional defina, lo que con tanta hondura analítica expresara en su obra El flamenco como expresión y liberación, el catedrático de Lengua Española e investigador, Antonio Carrillo Alonso, me recreo en la copla que es memoria y aliento del saber y sentir popular:”Yo no tengo ná de ná, / que salga a cazá ladrones / el que tiene que guardá”.




 *Pedro Luis Ibáñez Lérida, poeta, articulista, coeditor de Ediciones En Huida. Contacto: pedrolerida@gmail.com 
 Patrocinado por LetrasTRL Nº. 59-junio-2013 http://www.alvaeno.com/letrasTRL.htm




lunes, 5 de marzo de 2012

ALGO MÁS QUE PALABRAS


SÓLO EL JUSTO RECONOCE LOS DERECHOS DEL POBRE



            Sólo el justo puede reconocer los derechos del pobre. Penalizar a las personas que no tienen hogar y viven en las calles, es un acto de injusticia tremendo. Por desgracia, esto sucede en muchos países. No es literatura, es la realidad pura y dura, fruto de una cultura que ha perdido el sentido de fraternidad. Por tanto, cada uno de nosotros seremos culpables de que estas situaciones ocurran en la medida en que uno tome partido y haga lo que le corresponde. En todo caso, aléjese de las mansiones y viva más en la calle, aquel que quiera ser justo. La virtud y el poder no se fraternizan bien. El encuentro con el pobre únicamente es posible cuando nos ponemos a la misma altura del que sufre para poder abrir los ojos a sus necesidades.


            Los pobres son usados como arma política, en definitiva, como esclavos del poder. Este abuso es otro acto más de injusticia y tampoco es un cuento. Las diversas situaciones en las que malviven muchas personas suelen superar a la ficción. Se malgastan recursos sobre todo en armamento, que bien podrían invertirse en proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres. Las guerras no son más que un invento de ricos para que se mueran los pobres. Sólo la persona justa, el ser humano que ame el auténtico amor, puede entender la necesidad de justicia preferencial por el pobre. Antes que generoso, uno tiene que ser humanamente justo, para poder suscitar en el mundo la lógica del bien común, que para nada existe y para nada se cultiva.


            Padecemos una especie de anestesia espiritual frente a la desesperación de nuestros semejantes. Nos hemos vuelto más inhumanos, más injustos, y más feroces unos contra otros. Es importante recuperar el pensamiento del justo en un mundo global. Frente a las injusticias no se puede callar. Pienso en la actitud de muchas personas que, por simple comodidad o por querer quedar bien, se acomodan a una mentalidad perversa, en lugar de alzar su voz, por los que ya no tienen ni voz. En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario otra cultura, más poética que política, capaz de redescubrir la importancia de una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca los derechos del pobre, que sepa discernir  y, al mismo tiempo, caminar con espíritu de mansedumbre.


            Nadie puede entender los derechos del pobre si tiene un corazón de piedra. Se utiliza la pobreza para tantos juegos sucios de ricos, que urge limpiar atmósferas corruptas y avivar todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de verso en alma, para que espigue el bien. El ser humano justo se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su buen hacer con el prójimo. De estos ciudadanos de bien, el mundo anda escaso. Abundan los que han multiplicado los deseos con la consiguiente disminución de la riqueza de sus semejantes. En consecuencia, los derechos del pobre sólo existen en el papel y no en el corazón de las personas, que es donde realmente habita la esencia de lo que en verdad es justo y lo que es injusto.



Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net

15 de febrero de 2012

El Diario de Alvaeno

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