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lunes, 5 de marzo de 2012

ALGO MÁS QUE PALABRAS


SÓLO EL JUSTO RECONOCE LOS DERECHOS DEL POBRE



            Sólo el justo puede reconocer los derechos del pobre. Penalizar a las personas que no tienen hogar y viven en las calles, es un acto de injusticia tremendo. Por desgracia, esto sucede en muchos países. No es literatura, es la realidad pura y dura, fruto de una cultura que ha perdido el sentido de fraternidad. Por tanto, cada uno de nosotros seremos culpables de que estas situaciones ocurran en la medida en que uno tome partido y haga lo que le corresponde. En todo caso, aléjese de las mansiones y viva más en la calle, aquel que quiera ser justo. La virtud y el poder no se fraternizan bien. El encuentro con el pobre únicamente es posible cuando nos ponemos a la misma altura del que sufre para poder abrir los ojos a sus necesidades.


            Los pobres son usados como arma política, en definitiva, como esclavos del poder. Este abuso es otro acto más de injusticia y tampoco es un cuento. Las diversas situaciones en las que malviven muchas personas suelen superar a la ficción. Se malgastan recursos sobre todo en armamento, que bien podrían invertirse en proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres. Las guerras no son más que un invento de ricos para que se mueran los pobres. Sólo la persona justa, el ser humano que ame el auténtico amor, puede entender la necesidad de justicia preferencial por el pobre. Antes que generoso, uno tiene que ser humanamente justo, para poder suscitar en el mundo la lógica del bien común, que para nada existe y para nada se cultiva.


            Padecemos una especie de anestesia espiritual frente a la desesperación de nuestros semejantes. Nos hemos vuelto más inhumanos, más injustos, y más feroces unos contra otros. Es importante recuperar el pensamiento del justo en un mundo global. Frente a las injusticias no se puede callar. Pienso en la actitud de muchas personas que, por simple comodidad o por querer quedar bien, se acomodan a una mentalidad perversa, en lugar de alzar su voz, por los que ya no tienen ni voz. En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario otra cultura, más poética que política, capaz de redescubrir la importancia de una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca los derechos del pobre, que sepa discernir  y, al mismo tiempo, caminar con espíritu de mansedumbre.


            Nadie puede entender los derechos del pobre si tiene un corazón de piedra. Se utiliza la pobreza para tantos juegos sucios de ricos, que urge limpiar atmósferas corruptas y avivar todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de verso en alma, para que espigue el bien. El ser humano justo se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su buen hacer con el prójimo. De estos ciudadanos de bien, el mundo anda escaso. Abundan los que han multiplicado los deseos con la consiguiente disminución de la riqueza de sus semejantes. En consecuencia, los derechos del pobre sólo existen en el papel y no en el corazón de las personas, que es donde realmente habita la esencia de lo que en verdad es justo y lo que es injusto.



Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

corcoba@telefonica.net

15 de febrero de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

EL DERECHO A VIVIR

Por Maite García Romero
“Lo más progresista es defender el derecho a la vida”. Por supuesto. Completamente de acuerdo con sus palabras, don Alberto Ruiz-Gallardón. Y déjeme decirle una cosa: esa declaración me reafirma que es usted una persona sensible y legal, conclusión a la que llegué después del diálogo que mantuvimos aquella mañana de domingo en la Feria del Libro de Madrid de 1993. Por ello, cuando el pasado día 31, durante la entrevista que concedió a TVE, declaró que “lo más progresista que he hecho en mi vida política ha sido defender el derecho a la vida”, de inmediato supe que esa declaración era auténtica, que nada tenía que ver con las arengas, soflama, artimaña y demás juego de palabras que suelen utilizar los políticos al comienzo de cada legislatura. En dicha entrevista dejó claro que a partir de la próxima  reforma en la Ley del Aborto que piensa llevar a cabo, una mujer podrá interrumpir su embarazo en "aquellos modelos de supuestos en los que no haya reproche penal” y que esos supuestos serán fijados por el legislador así como que la nueva ley no contemplará el modelo de “plazos” introducido por el PSOE en la última reforma. Y aquí, permítame una salvedad: eliminar el derecho de las mujeres a decidir su maternidad y volver a poner la decisión de la mujer y su aprobación en manos de los profesionales no reduce en absoluto la tasa de abortos. Ahí tenemos los datos hechos públicos en España tras la entrada en vigor de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, en julio de 2010, que permite a la mujer abortar sin dar explicaciones hasta la semana 14 del embarazo y el número de abortos apenas varió un 1% al alza el año en que la ley entró en vigor y, en el segundo semestre de 2010, se registraron casi 4.000 intervenciones menos que en el primero, antes de la vigencia de la norma. (ElPaís)
Seamos sinceros. La ley de “aquellos modelos de supuestos” en los que no había reproche penal, era simuladora en el supuesto de las personas que alegaban trastornos psicológicos de la madre, ya que en ese apartado estaban acogidos nada menos que el 97 por ciento de los abortos que se practicaban en este país. Jamás las leyes modifican el número de abortos. Si una mujer se ve obligada a abortar buscará, téngalo por seguro, el camino que sea. Luego lo único que se consigue con la prohibición es una vuelta al aborto clandestino. Y eso lo sabemos de sobra.
Que la primera medida en relación a la salud sexual y reproductiva sea la reforma de la Ley del Aborto y no la prevención o el fomento de la educación sexual, no me cuadra mucho en usted, la verdad. Pero bueno, ya se sabe que estas medidas siempre hay que tomarlas por razones de partido. Que luego se cumplan ya es otro cantar.
La línea política que llevó el expresidente José Mª Aznar, que sin duda pasará a los anales de la historia, viene a cuento con el tema que estamos tratando. Durante la campaña electoral de 1996 se le llenó la boca de reniegos contra la ley original del aborto de 1985, y al final de los ocho años de legislatura se habían producido en España 511.429 abortos, un 152% más con respecto al último año del PSOE. Y ni siquiera se llegó a realizar ninguna campaña de prevención y sensibilización contra el aborto. Y para más inri, durante su mandato fue cuando se aprobó la legalización y distribución de la píldora abortiva RU-486 (Ver aquí). Pero claro, pensándolo bien: ¿cómo el expresidente José Mª Aznar y el exministro de Justicia Jaime Mayor Oreja podían suponer que lo más progresista es defender el derecho a la vida si ellos no son progresista sino ultraconservadores? Era imposible. Usted, señor Gallardón, es sin duda distinto, siempre se ha destacado por ese talante progresista que le ha granjeado la simpatía de una gran parte de la izquierda y del centro, y, por qué no decirlo también, el repudio de la extrema derecha. Por ello, al enterarme del ambicioso plan de reformas que piensa llevar a cabo en la Ley del Aborto y en la administración de justicia que supone una vuelta a los años 80, me quedé… cómo decirle… un tanto confundida. Me pregunte: ¿estará intentando el señor Gallardón engatusar a los sectores más conservadores? No, me dije. Su ambicioso plan de reformas simplemente corresponde a un ministro debutante, nada más.
Volvamos a la entrevista de TVE. Afirmó usted, señor Gallardón, que “el concebido y no nacido tiene derecho a la protección”. Evidentemente, no se lo voy a discutir. Pero permítame que le haga una puntualización: ese mismo derecho de protección lo tienen igualmente los ya nacidos. Vamos a ver señor Gallardón: ¿sabía usted que el sistema que está vulnerando en España los derechos humanos de los menores ingresados en Centros de Protección Terapéuticos, sigue intacto nueve meses después de las denuncias de Amnistía Internacional y el Defensor del Pueblo?  ¿Sabía usted que  los ingresos de los menores en dichos Centros se llevan a cabo sin supervisión judicial y bajo criterios dispares según la Comunidad Autónoma en que suceda? ¿Sabía usted que la protección jurídica de los derechos humanos de los menores, en particular de aquellos “con trastornos de conducta o en situación de dificultad social”, está en peligro al no existir normas mínimas comunes compatibles con el interés superior de los menores y que puedan ser exigibles en todo el territorio español? ¿Sabía usted como Ministro de Justicia, que los menores son personas con derechos y pese a ello las autoridades siempre han rechazado o minimizado las denuncias sobre los abusos y vejaciones que soportan? Ver aquí
Ante esta situación, es penoso comprobar cómo las autoridades estatales y autonómicas muestran más preocupación por su propia imagen que por una revisión seria de su normativa, políticas y acciones institucionales, llegando incluso a tratar la situación denunciada como un asunto de simple alarma social. Ahora, cuando surge un caso de extrema violencia cometido por un menor, ustedes los políticos, como única solución, proponen rebajar la edad penal a los doce años. Y yo me pregunto: si un hecho delictivo es cometido por un menor de doce años, ¿no se repetirá la misma situación que hoy ocurre con los menores de catorce años? Y si esto ocurre, ¿se volverá a proponer otra rebaja a los diez años? ¿A los ocho? ¿A los seis? ¿Es esta medida realmente una solución, señor Gallardón?
Si a una sociedad sólo le queda el Código Penal para defenderse, incapaz de inculcar el respeto a la libertad y a los derechos humanos de los demás y sobre todo de los menores, es una sociedad completamente enferma. Una sociedad abotargada de información pero carente por completo de sentido común.
Ministro Ruiz-Gallardón, los menores son personas con derechos. Y defender esos derechos es defender la vida. No lo olvide.

                                               

El Diario de Alvaeno

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