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jueves, 17 de enero de 2013

TODO ESTÁ EN MANOS DE NOSOTROS


ALGO MÁS QUE PALABRAS

Por Víctor Corcoba Herrero*


            El mundo está en manos de nosotros. Fuera la desgana. Tenemos que trabajar como si todo dependiera de cada uno. Arriba la creatividad. Si el horizonte es negro trabajemos por mudar de aires. Entre todos tenemos que fomentar el empleo y la protección social. Abajo la ociosidad. Nada de rebajar salarios. Dignifiquemos el trabajo. Una persona que trabaja no puede vivir en la pobreza. Cuanto antes debemos modificar el valor de las cosas. No podemos estar al capricho de los poderes, máxime cuando se vuelven arbitrarios e improcedentes, sin tener en cuenta que somos personas, no esclavos de un sistema totalmente arcaico. El camino es otro. No más deterioro en las condiciones de trabajo. La recesión en este tema sí que es grave, gravísimo. Disminuir los derechos laborales es otra incurable enfermedad del momento actual. La cuestión pasa por protegernos más y mejor nosotros, no a los mercados y a sus dirigentes.

            Ha llegado el tiempo, pues, de dignificar toda actividad humana. El mundo laboral no puede degradarse ante un poder que no resuelve. El trabajo nos ennoblece, cualquier trabajo, y éste debe darnos el bienestar que todos nos merecemos. Ya va siendo hora de pasar de las palabras a los hechos. Todo está en manos de nosotros. Cierto. El futuro no se construye con el desempleo. Debemos anticiparnos. Lo prioritario, sobre todo para hacer frente a las desigualdades, es salvar los puestos de trabajo. Las instituciones deben prevenir la pérdida de empleos. La falta de acción frente a tantos retrocesos viene generando un descontento social que va a ser complicado calmar. El riesgo de perder una generación si no se toma en serio, y con urgencia, la crisis de empleo juvenil, es indicativo del fracaso de los organismos públicos. Nos hemos quedado en las palabras. Y lo que es peor, seguimos en las palabras, en los empleos decentes que jamás llegan, en las inversiones que son mentira, en el distanciamiento cada vez mayor del mercado de trabajo entre los jóvenes.

            Las estadísticas nos dicen que millones de personas prácticamente han abandonado la búsqueda de trabajo. Viven en la desesperación permanente. Perdieron toda la ilusión. Otros que sí tienen empleo, también se mueren en la incertidumbre e inseguridad. A mi juicio, hasta ahora el trabajo se ha venido supeditando a la productividad o competitividad, o sea, a los intereses económicos o incluso especulativos, en lugar de considerarse un deber y un derecho de las personas. Así, los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se devalúan sus derechos o se limitan sus posibilidades de realización. Evidentemente, hace falta un cambio social, y esta trasformación está en manos de nosotros, haciendo realidad los valores de justicia y solidaridad, de la ética y la búsqueda del bien común antes que los intereses políticos y partidistas.

            Sí, una vez más, recuerdo que todo está en manos de nosotros. No podemos aceptar que se han acabado las alternativas, las hay y muchas, sólo hace falta que la carga de la crisis la paguen los responsables de los asuntos públicos. De lo contrario, sería como si fuese ya el fin de la historia humana, de cada una de nuestras historias. Desde luego, hemos de apoyarnos más los unos en los otros, con el fin de que las estructuras de poder estén al servicio de la ciudadanía y no al servicio de sus intereses como viene sucediendo en buena parte del mundo. Por lo demás, tenemos derecho a reclamar de esos poderes públicos, un trabajo libremente elegido, no impuesto, respetuoso con las personas, y que permita satisfacer las necesidades básicas de las familias. En cualquier caso, la esperanza de que todo depende de mí es un buen estimulante, muy superior a la suerte que a veces tanto se implora.

*Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
16 de enero de 2013

Artículo patrocinado  por Ediciones Alvaeno

martes, 8 de enero de 2013

PENSAMIENTOS HONDOS, LIBRES DE ATADURAS


ALGO MÁS QUE PALABRAS

Por Víctor Corcoba Herrero*


            Hoy como ayer necesitamos conocernos más y mejor a nosotros mismos. Todo el mundo habla de cambios, pero apenas dedica tiempo a pensar cómo hacerlo. Seguimos atados a poderes corruptos, a libertades que no son, y los caminos del mundo cada día son menos auténticos. El mundo de la mentira orienta nuestras vidas y así marchamos totalmente desorientados. Requerimos poder levantar la mirada sin ser heridos, descubrir por nosotros los senderos de la existencia, pensar por sí mismos, profundizar en ese mundo interior que todos llevamos consigo, tejer abecedarios con la luz de la razón, ser más corazón que cuerpo, reflexionar sobre todo y de todo, para alcanzar otro horizonte más claro, más sensible con la realidad humana y menos distorsionado.

            Veo que los ojos de la mente son incapaces a veces de discernir y decidir sobre los pasos a tomar.  El tiempo actual es propicio a la ceguera, nos hemos dejado aprisionar por una legión de farsantes, que nos impiden vivir autenticidades. La falsedad gobierna nuestro tiempo. Desde luego, precisamos de otro espíritu más reflexivo y racional. Son muchos los nudos que tenemos que desenredar. El espíritu creativo de las artes y las letras es un camino que todos debemos explorar. Uno tiene que descubrir más allá del deseo de saber, el deseo de conocerse, de admirarse, de sentirse inteligencia creadora, favoreciendo de esta manera esa búsqueda inherente a toda persona.

            Por desgracia, vivimos bajo una manipulación perversa y permanente, muy sutil, pero que ahí está penetrante, haciendo sus maniobras de querer vivir por nosotros, dominando nuestras andanzas. Siempre hay alguien que te dice lo que debes hacer, ya no tenemos ni tiempo, ni tampoco silencio para pensar. Así no se pueden encontrar remedios a nuestros males. No se debe olvidar que los pensamientos, como la razón, necesitan compartirse con nuestros semejantes. No venimos al mundo para vivir solos, sino en familia, para insertarnos y realizarnos en la sociedad y en una cultura. De ahí, que no pueda haber una colectividad esperanzada y feliz sí la mayor parte de sus miembros carecen de lo imprescindible para vivir. 

            No hay que acomodarse al mundo, el mundo tiene que acomodarse a las personas, a nuestro modo de pensar, de forma que podamos actuar libremente. Nos han orientado a pensar en la posesión, en el bienestar, en el éxito fácil, en la fama a cualquier precio, y, sin embargo, todo esto es pasajero. Debemos aprender a pensar de manera más solidaria, más profunda, más mística, más interior; es preciso aprender a comprender el pensamiento de los demás, reconociendo lo bello y bueno que puede aportarnos. No olvidemos que, por naturaleza, somos seres inconformistas, y que el verdadero progreso del mundo no radica en la colección material de cosas, sino en la fortaleza del ser humano como sujeto pensante, como sujeto que vive en el propio pensamiento.

            Ya lo dijo el dramaturgo y poeta español, Pedro Calderón de la Barca, "quien vive sin pensar, no puede decir que vive", el pensamiento es fundamental para sentirnos parte de una cultura que sabe razonar y equilibrar ideas, que sabe incrustar un espíritu de servicio fraternal al mundo, porque un diálogo fraternizado siempre respira bondades y virtudes. Sin duda, el día en que todos aprendamos a pensar teniendo en cuenta los legítimos intereses y aspiraciones de todos, habremos dado un paso gigantesco en la construcción de la paz. Evidentemente, es bueno que la gente se reúna a pensar, sobre todo para cooperar en la promoción del bien común.

            La experiencia de fraternidad siempre nace en el corazón como nacen también los grandes pensamientos, las grandes acciones humanas. No se trata de dominar, más bien de dominarse. Tampoco es cuestión de ser más que nadie, sino de ser más libre en la autenticidad. Hay que volver al debate intelectual para alcanzar otros horizontes más hermanados, donde no se gobierne con cadenas, sino abriendo diálogos sin temores, hablando sin hipocresía. Si algo ha de imponerse que sea el raciocinio, pero sin mandatos previos. Se debe tomar conciencia de la complejidad del mundo presente y reflexionar, con amplitud de miras, para encontrar juntos soluciones a los desafíos que nos superan.

            A mi juicio, debemos pensar profundo, y en ese pensamiento sentirnos libres, para reafirmar que es posible cambiar el mundo. Para ello, precisamos más convicción para defender valores de vida como puede ser la dignidad de la persona. Es la clave de un nuevo pensamiento. Mayor convencimiento para actuar desde una libre circulación de ideas. Ahora lo que suelen circular son intereses, adoctrinamientos necios que obstaculizan el que todos seamos iguales ante el ejercicio de la razón, mentiras y vicios que dificultan la unión y la unidad de las personas. Por consiguiente, todas nuestras capacidades de pensar, hablar, sentir, actuar, deben brillar con la libertad como luz, sabiendo que la fuerza del razonamiento permanece cuanto más verdadera es.

            Todo cuanto hemos reflexionado y dialogado, meditado y comparado, comprendido y compartido, ha de estar dispuesto para servir al ser humano que es lo más importante. De lo contrario, tiene poco sentido perder el tiempo. Cuando se pierde el respeto por la vida, difícilmente podemos aprender a ayudar al prójimo. Ninguna nación puede pensar en el propio futuro de modo unitario, sino es a través del patrimonio de los valores que unen las culturas. La lección ahí está: aprender los unos de los otros, enriquecernos mutuamente, abrir vías de pensamiento, que no son más que búsquedas hacia una paz interior.

            Si no tenemos esa paz interna, de nada sirve buscarla fuera.  Téngase en cuenta que las cosas íntimas son las primeras y las que verdaderamente nos hacen sentir. Por tanto, creo que la cuestión de discernimiento radica en nuestra manera de obrar. Un filósofo francés, nos dio la clave: "Debemos obrar como hombres de pensamiento; debemos pensar como hombres de acción".   Dicho queda, y es que ciertos pensamientos son como súplicas  y, ciertas acciones, son como meditaciones.
*Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
6 de enero de 2013.-
           
           
           
             



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